domingo, 14 de septiembre de 2008

FUTURO SIN RIQUEZA

Mercedes y Rosa Fernández son dos bellas hermanas que jamás pensaron que el destino les tenia algo preparado. Ambas se habían quedado sin trabajo y un familiar les paso la voz que necesitaban gente en provincia para trabajar en una planta embotelladora de gaseosas y que ganarían un jugoso salario. Fue así que las hermanas Fernández decidieron arriesgarlo todo y emprendieron un viaje cargado de ilusiones. Las cosas no se presentaban tan oscuras porque por intermedio de un amigo consiguieron alojarse en una vieja casa que estaba próxima a ser vendida, que según moradores del lugar todas las madrugadas se escuchaba a un hombre excavando el jardín. La casa estaba ubicada al fondo de una antigua quinta, donde ya casi no quedaban vecinos en aquel lugar, habían dos en las primeras casas que ya ni se les sentía; las dos muchachas ocuparon la casa del fondo, tenían a su disposición la cocina y una habitación el resto de los dormitorios era algo prohibido para ambas y no porque alguien se lo haya advertido sino mas bien su educación así se los decía. Para ellas avanzar desde la puerta de la casa hasta su cuarto era un viaje de nervios todas las noches, debido a los extraños ruidos y los gritos desesperados de una mujer pidiendo auxilio. Casi siempre trataban de llegar con el sueño encima para no sentir la soledad de aquella vieja casa; los alrededores del lugar no estaban del todo mal excepto por una descuidada huaca, lugar sagrado por nuestros antepasados que estaba a espaldas de la casa.
En un primer momento ocuparían la casa por tres meses, pero todo indicaba que el tiempo se dilataría mas, había algo que todo comprador que se interesaba por ella terminaba desanimándose, nunca se supo si era el lugar, el olor, el ambiente o algo que hasta el momento aquellas dos hermanas no tomaban en cuenta.
El trabajo de ambas les permitía vivir con lo necesario; trabajar y dormir se había convertido en su rutina incluso, que nunca ingrese una de ellas sola a la casa formaba parte ya de sus hábitos; hasta que un día en el silencio de la noche, el vacío de las quintas casi deshabitadas, las paredes de una casa vieja, donde según dicen su viejo guardián, todas las voces y sonidos de gente gritando y golpeando paredes parecieron hacerse presente, aquella vez pasando la media noche a lo lejos de lo que la hermana menor pensaba tratarse de un sueño, oyó algo que parecía una especie de cincel y martillo que no le permitía conciliar el sueño.
A la mañana siguiente como muy pocas veces en su rutina y por tratarse de ser fin de semana ambas tomaron desayuno en la cocina, un lugar no muy agradable debido a que la vista les permitía observar un gran jardín o mejor dicho lo que seguro en alguna época ya olvidada por los que alguna vez jugaron en aquel lugar había sido un inmenso jardín tenia un aspecto tétrico, la casa y el jardín habían envejecido juntos uno nunca dejo al otro, como si hubieran tenido un acuerdo ambos, pareciera que el día en que se cerro la casa se inicio el final de aquel inmenso jardín y mientras mas tiempo permanecía sin ser habitada las esperanzas de esa tierra árida se agotaban, un mueble patas arriba estaba de cabeza sobre la tierra, algunos juguetes acompañaban otros dos sillones que incluso hacia que ellas laven su ropa en la cocina y con mucho ingenio improvisen una vez por semana dos tendederos con un par de cables, la puerta de acceso al jardín permanecía cerrada y ninguna de las dos tenia la mas mínima intención de abrirla, solo el día que llegaron ayudadas por el antiguo guardián el cual les entrego las llaves de la casa entraron al árido tierral que ni la manos mas gruesas de algún avezado jardinero y ni la lluvia mas intensa removerían mas.
La menor de las hermanas Rosa, le contó a su hermana que tenía la certeza de haber visto a un extraño hombre de apariencia ruda y con una larga cabellera haciendo excavaciones en el jardín. Fue en eso que para salir de dudas le pidieron al viejo guardían que excavara hasta encontrar algo. Pero la fuerza no acompañó al viejo guardían que desistió seguir excavando.
Ambas hermanas provistas de mascarillas, decidieron continuar excavando hasta que se toparon con un objeto tan duro que parecía desprender un olor a metal. Fue en eso que consiguieron dos perros callejeros y los echaron al hoyo los cuales terminaron muertos luego de haber absorbido todo el olor que se desprendía de dicho objeto.
Grande fue su sorpresa al darse cuenta que ese objeto no era más que lingotes de oro y plata que habían sido enterrados por los pobladores de una antigua y desconocida cultura antecesora al imperio inca con el fin de preservar su patrimonio a fin que no cayera en manos de los invasores.
Desde ese momento la vida de lasa hermanas Fernández cambió por completo. Compraron una enorme casa en una zona residencial de Lima, adquirieron vehículos de marca, invirtieron su cuantiosa fortuna en negocios y se convirtieron en socias de las más prestigiosas compañías de la ciudad.
Pero dicho dinero no fue felicidad para ellas porque cada vez que hacían uso de ese dinero sentían que alguien las perseguía .
Cuando Mercedes compro la casa en una zona residencial escuchaba la voz de un hombre que le reprochaba el haberse apoderado de un dinero que no les pertenecía.
Lo mismo pareció sucederle a Rosa cuando compró acciones de una importante compañía, escuchó la voz de ese mismo hombre y empezó a lanzar gritos asustando al personal que laboraba ahí.
La situación llegó a tal extremo que las hermanas perdieron completamente la noción de la realidad y comenzaron a tener delirio de persecución lo que desencadenó serios perjuicios en sus relaciones interpersonales siendo internadas en un hospital psiquiátrico.
Mientras tanto al no tener familiares directos el dinero de las hermanas Fernández fue a para a instituciones benéficas pero las personas que harían uso de ese dinero jamás imaginarían que dicha voz las perseguiría por siempre.

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